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Intuición (2da Parte)

Soy Lela

Intuición (2da Parte)

Intuición (2da Parte)

Ese año nos vimos cada viernes. Recuerdo que una tarde, casi llegando noviembre, la vi algo triste; me contó que había decidido congelar la carrera. Le pregunté por qué y se limitó a decirme que no era lo que ella quería, que se había cansado de todo y de todos.

―¿Eso me incluye? ―pregunté.

―No, a ti no… ¿Sabes? Estoy saliendo con alguien.

―¿En serio? ―no supe por qué, pero me dolió el estómago―. ¿Cuando me lo vas a presentar?

―No es un él… es una chica. Y no quiero que la conozcas, no te va a agradar.

En ese momento supe que algo le pasaba, no supe qué, pero estaba mal. Fue la cita más corta que tuvimos, ella fue cortante en todo momento y, cuando se despidió, no me dijo si volveríamos a vernos de nuevo como cada semana.

Dejó de llamar por varios días, y yo no quise insistir. Hasta que una noche me llamó llorando.

―Cris… ven, por favor.

―¿Dónde estás?

―En el centro… ―balbuceó.

Estaba ebria, le pedí que se quedara ahí y me mandara su ubicación, tomé rápidamente un Uber y la encontré en un local cerca del barrio bellavista, estaba muy mal.

―Por Dios, ¿qué te pasó?

Hice lo que pude para sacarla de ahí, se tambaleaba y me costaba trabajo entender lo que decía, solo me rogaba que llamara a su mamá y le dijera que se quedaría en casa de una amiga. Accedí y la llevé a mi departamento, que compartía con dos compañeras.

Cuando llegamos la metí en mi cama, le quité la ropa que había ensuciado con alcohol y le di un café cargado, se durmió un rato. La cuidé hasta que despertó. Al verme, se echó a llorar en mis brazos.

―Ella me dejó, Cris… ¡me dejó!

―Tranquila, cariño, tú eres fuerte, vas a superar esto.

―¿Puedo tomar una ducha?

―Claro.

―Le pasé una toalla y le indiqué donde estaba el baño.

Ella había cambiado tanto, no sabía qué le había sucedido, pero estaba tan… distante; como si se hubiera ido hacia un lugar lejano en el que yo no la podía alcanzar.

Volvió, se secó el cabello, le pasé una camiseta vieja para que usara como pijama y se acostó. Me recosté a su lado, la abracé por la espalda y, a los pocos minutos, se volteo. Quedamos frente a frente.

―¿Por qué nunca te diste cuenta?

―¿Qué? ¿De qué…?

Tomó mi rostro y me besó en los labios. Nunca había besado a otra chica, me quedé inmóvil al principio, pero luego me relajé y la dejé continuar, es más, respondí a ese beso… respondí a todo lo que vino después.

Al otro día desperté junto a ella, semi desnuda. Se fue temprano porque tenía clases, me besó antes de partir y me quedé como flotando en un vacío infinito. ¿Qué había hecho?

Para mi sorpresa, me pidió que nos viéramos de nuevo, esa misma semana. Yo acudí feliz, la saludé con un cálido beso en la mejilla y entramos al bar, pero ella solo me habló de su novia. Sí, había vuelto con ella. Bromeó acerca de lo que había pasado entre nosotras. Aunque me dolió en el alma, me reí también, y seguimos como si no hubiera pasado nada, sin embargo, a las pocas semanas, volvió a aparecer en mi departamento algo pasada de copas y, una vez más, habíamos terminado desnudas en mi cama.

No lo entendía; ¿qué quería de mí?

 

Un día la encaré, nos juntamos en un café, así me aseguraría de que no pasaría nada, sin embargo, cuando nos despedimos me besó en los labios.

―Elizabeth, ¡basta! ¿Qué es lo que pretendes?

―Nada…

―Te das cuenta de que esto se volvió extraño y confuso… yo, ¡yo te quería!, eras una amiga muy importante para mí, y tú…

―Y yo soy una basura, lo sé. Quizá no debería existir…

―Estás diciendo estupideces, madura de una vez, ¿quieres?

―Bueno, soy menor que tú…

Me di vuelta y me fui, con la clara intención de no volver a verla. Pasaron los meses y ella dejó de llamar.

Un año más tarde, me contactó por Facebook… estúpidamente le respondí.

“¿Nos vemos este viernes a las cinco?”

“Ok…”

Nos reunimos en un bar y, por fin la encaré. Le pregunté qué era lo que sentía por mí, qué era yo para ella… y cuando me dijo que yo le importaba no me importó volver a cometer el mismo error…

Terminamos teniendo sexo en el baño de aquel lugar. Desde entonces, no ha vuelto a llamar, van dos meses desde aquella vez.

Pero anoche soñé con ella… y mis sueños nunca se equivocan.

"Amante de las letras, los misterios de la noche y los gatos. Romántica por esencia, pasional por instinto. Enamorada de su primer amor..."

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