Decir nuestros nombres: reflexiones sobre la investigación periodística y archivos
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La periodista, escritora y lesbiana feminista Erika Montecinos, fue una de las invitadas al proyecto Soltar la lengua, residencia de Rocío C. Gómez en el Centro Cultural de España con la sesión Decir nuestros nombres. Investigación que da cuenta de la vida y obra de Mónica Briones que se plasmó en el libro Con mi recuerdo encendí el fuego (2024).
Hoy, entrevistamos a Erika para que nos cuente sobre lo que fue su sesión e indagar en su investigación periodística y los archivos de prensa como herramientas para reconstruir memorias lésbicas. Revisar documentos, recuperar testimonios e invocar a quienes han muerto o han sido olvidadas permite disputar los silencios de la historia y reconocer las huellas de vidas que no siempre encontraron un lugar en los registros oficiales.

En tu trabajo periodístico y de investigación sobre las memorias lésbicas en Chile, ¿qué dificultades has encontrado para reconstruir historias que han sido silenciadas o excluidas de los archivos oficiales?
La ausencia de archivos a los que se pueda recurrir y echar mano. Creo que el movimiento lésbico local no ha tomado conciencia sobre la necesidad y la importancia de preservar la memoria, de construir archivos, bibliotecas. Las colectivas intentaron hacerlo en el pasado, pero está todo disperso. Algunas en el Archivo Nacional y otras, guardadas o perdidas sin que las compañeras podamos tener acceso a la propia historia.
Si se ha dado el caso de rescatar algo, como fue la existencia de Mónica Briones, fue gracias a las mismas activistas de los años 80s, como las Ayuquelén.
Que fueron contando la historia a través de la oralidad. Así me pude enterar de este caso, por ejemplo.

La investigación sobre el crimen de Mónica Briones y tu libro Con mi recuerdo encendí el fuego (2024) contribuyen a recuperar una memoria fundamental para la comunidad lésbica. ¿Qué significa, para ti, investigar y escribir sobre vidas que la historia ha intentado borrar?
Significa dar existencia a lo que parecía condenado al olvido. Como dice Helena Giannecciti en su libro Un deseo desmesurado de amistad: “Para poseer mi propia historia, he tenido que buscarla”. Y eso me pasó a mí, porque al investigar sobre una persona a la cual no conocía, también fui descubriendo la existencia de aquellas compañeras que vivieron su juventud en dictadura, y de mi propia infancia bajo ese contexto. Cómo era descubrir la identidad ante un contexto represor y conservador, y en que la homosexualidad y el lesbianismo, era consideradas una enfermedad. Los referentes no existían tampoco. Entonces junto con escribir lo de Mónica, fui descubriendo esas memorias colectivas de jóvenes lesbianas comunes y corrientes que intentaban dar curso a sus deseos juntándose igual en toque de queda por ejemplo, haciendo carretes, algo que para las generaciones actuales era casi impensable, en el sentido de que muchas veces se cree que las lesbianas estaban muy escondidas en esas épocas, pero me di cuenta que eso era solo parte de nuestros prejuicios y de la misma invisibilización que se hace de nuestras existencias.
Hubo mucha vida lésbica en dictadura, tal vez no tan visible, pero sí de mucho cuidado amoroso entre todas. Eso pude documentar.

¿Cómo pueden el periodismo y los archivos de prensa convertirse en herramientas para disputar los relatos oficiales y construir una memoria lésbica colectiva?
Siempre digo que nuestras propias historias merecen ser contadas. Todas tienen un significado y dejan su huella. El periodismo es una herramienta potente porque te da metodología e intuición, algo que en mi trabajo de investigación, es crucial, parte de la vocación, pero que también se puede desarrollar, porque todes le tenemos. Entonces si una lo descubre, hay que hacerlo como lo hice yo: aprovecharlas, ponerla al servicio de lo que una cree. Lo que mueve es un profundo amor por las otras, por buscarnos y descubrirnos en nuestros errores y placeres.
Por ejemplo, las compañeras en las poblas, en los barrios perifericos, en las regiones ¿sabemos lo que es ser lesbiana en región con un contexto conservador y en donde la derecha predomina en los cargos públicos? Creo que no lo imaginamos las santiaguinas con todo a mano. Escribirnos es ir dejando testimonio de estas existencias lesbianas para que otras las lean y nos busquemos, nos podamos espejear. Me pasó con la Mónica mientras investigaba su historia: lo que ella vivió como lesbiana, es el proceso de cada una, más allá de su final trágico. La Mónica también tuvo que salir del closet y vivir la violencia de que la internaran. Cualquier mujer fuera de la norma, era susceptible de sufrir esa clase de opresión en el siglo pasado, pero también vivió el proceso de toda lesbiana: eso de estar siempre saliendo del closet donde sea, ella lo tuvo que hacer con el costo que implicó, claro está. Pero nunca dejar de ser una misma, con valentía, es la principal enseñanza que nos deja su caso.

En el contexto de Soltar la lengua, ¿qué nombres, historias o experiencias crees que necesitamos recuperar hoy para comprender nuestro pasado y abrir posibilidades para las generaciones futuras?
Todas las historias y experiencias comunes y cotidianas, aquellas que en el pasado nos advierten que hubo resistencia lesbiana, que siempre la ha habido, y no minimizarlas porque ocurrieron cuando yo no nacía, o porque son antiguas historias de viejas lesbianas que casi no me representan. Yo descubrí que sí lo hacen, nos hablan y nos interpelan. Hoy, con toda la información que circula, en que estamos saturadas de ellas, nuestras cronologías igual están dispersas y relegadas. Para las escritoras y periodistas heterosexuales que escriben sobre memoria, o intentan rescatar hechos en dictadura, les resulta más expedito, tienen todo el archivo a mano, se ha reconstruido ¿Por qué no lo podemos hacer nosotras también? Y puede ser de cualquier forma, no solo a través de la escritura, puede ser a través del arte en sus diversas formas. Algunas ya lo están haciendo en el teatro, la pintura.
Mostremos nuestras historias hoy porque alguna lesbianista en el futuro estará agradecida de conocer, por ejemplo, cómo fue crear una revista a inicios de los dosmiles cuando aún existía un discurso público y mediático que nos criminalizaba, o cómo vivenciaron algunas lesbianas las redadas a las discos gays en los noventa.
Nuestras miradas como lesbianas tienen que ser puestas en valor.
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