Breve hoja de ruta para entrar en “Venusina” de María Rosa Casanova
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- Comienza por el umbral, donde encontrarás la advertencia de un epígrafe de Alejandra Pizarnik. Para escribir hay que derramarse y ser reverente. Surge en mí el recuerdo de otro fragmento de la poeta argentina. En su poema en prosa
“Extracción de la piedra de la locura” de 1968 sentencia:
Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo,
habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo.
Continúa el acceso que traspasa la compuerta de Venusina. La poesía, así, es el habla de la honestidad. Aunque esta se desangre con escándalo.
- Vuelve a la portada. Repara en el título. Declararse venusina es marcar la impronta de una filiación. No sólo con esa madre veleidosa y sensual cuyo hijo transita por el mundo disparando los estragos que nos causan las caricias del amor. El diccionario nos dice que el primero que recibió tal epíteto fue el latino Horacio, el poeta venusino. Él, más contenido, pero sumado al desborde de Safo, marcó el camino de los poetas que, alabando a Venus, invocaron su presencia para provocar la
atracción de otros cuerpos. Y, así, nos condenaron.
- Pero ten en cuenta que María Rosa también se declara venusina porque quiere acentuar que la diosa nació del agua. Y, para ello, primero tuvo que ocurrir un hecho de violencia: Urano fue capado y de su seminal espuma nació la belleza. El
amor, parece querer decirnos, sólo puede surgir de la violencia. Cual Venus Anadiomena, la voz de estos poemas nace desnuda, pero opta por no cubrirse. Indefensa y aterida, quiere hacernos conscientes del torbellino originario, húmedo
y humoral, afrodisíaco y anadyomeno. El tacto del amor es bífido, Eros y Tánatos. Nacer al amor es conmoverse –emoción y atracción, vocación de la caricia—pero también estar afectado (haber sido herido, haber sido invadido por el deseo que,
también, es crueldad).
- Considera que irrumpir al escenario del deseo y la crueldad es sólo el momento inaugural. Hay poemarios de amor que cuentan una historia, desde la fragmentaria de Safo, cuyos eslabones desconocidos aún nos esperan en el desierto egipcio,
hasta la fallida del Mal de amor de Óscar Hahn. El relato poético que urde María Rosa tiene tres estaciones:
I. Si pudiera darte todo mi jardín (conformada por 11 poemas). EL DESCUBRIMIENTO
II. Nacida de la espuma (39 poemas). Los poemas de esta sección expresan la lucha con y contra cierta forma de amor. Cada poema es, parafraseando a María Rosa, como una “perla violenta que cae de su lengua” (79)
III. Fragmentos para sustentarme de nuevo en el amor (Diez en números romanos y uno final, “Una mañana de junio”). LA RECUPERACIÓN Y TRANSFIGURACIÓN QUE PROVOCA EL AMOR DEFINITIVO.
No sigo adelantándome y vuelvo a la hoja de ruta que les estoy compartiendo.

- Comprender que, para hablar acerca del amor, no se puede obviar la herida que es. Vulnus amoris, dirían los latinos. “Con sabor a sangre, a cadena de columpio” exclama María Rosa. En torbellino se van sucediendo las imágenes de la
vulneración:
“El amor –todo se trata de eso. Ella lo sabe, se viste a esperar el día en que sea
atravesada, y por su agujero dejemos vaciar las lágrimas contenidas”, dice.
O asume, desgarrada, que hay que “arrancar los límites para llegar a la caricia”.
Este amor es cruz, azar que toca a veces, pero que, al ser toque, también es golpe del que
cuesta salir viva.
Los besos, por último, son el arma más certera de la vulneración: “en esa calle me heriste
con tus besos”.
- Así, entiende que esta mujer representada se concibe torcida y rota, “tengo repartidos los trozos de mis huesos”. Pero, dividida y contraída, de a poco deja de delegar su propia vida y acomete la difícil tarea de reinventarse.
Pero si las letras son cuchillos que la rebanan, también pueden las armas de la revancha. Ella lo dice explícitamente:
“Los poemas suelen ser también, una pequeña venganza”. Una de sus represalias líricas
es esta:
Desaparición
Te veré un día comido por palabras
y ellas tendrán tantos colmillos
tantas bocas para alimentar
que no quedará ni la idea de ti
- Aprende que, aunque escarmiento devorador, la escritura también es sanación: “el espacio seguro entre mis páginas/”
Aquello que la cura de “la lágrima que soy”. O el intercambio en que una palabra surge como compensación por cada herida y, en esa virtuosa sumatoria, la voz venusina escribirá “una carta en que arda el mundo”, llena de letras que cauterizarán la llaga del
amor.
Aunque reconozca los obstáculos para decir, y sea tan dura consigo misma para calificarse como “perdedora de muchas batallas”, la poesía de María Rosa deja su corazón tendido en el papel. ¿Y para qué? Voy llegando a los últimos momentos de mi ruta de lectura.
- Entiende que la escritura del amor también es un viaje de autodescubrimiento. Si María Rosa dice en un poema:
“Nací para la escritura y mi sexo
No quiero nada más
—por ahora—”
Es porque ya es tiempo de emprender la odisea del descendimiento, tomando “un hilo [que] cae por su nariz hacia el abismo” para, así, cavar en busca de las imágenes que la digan, más allá del eros y sus caprichos.
De esta estación central de su viaje, la voz que crea María Rosa dice que “yo atravieso esa niebla con una sonrisa”. La ruta ya está despejada hacia la última sección del poemario, aquella en que ocurre la restitución.
- Limpiada por la escritura que sana, María Rosa imagina un espacio acobijado y adulto, donde “las plantas y los libros son capaces de levantar un hogar”. En la estela de una Marosa di Giorgio o, incluso, en la de la Bombal de “La amortajada”,
la voz poética se deja penetrar por la sabiduría de la naturaleza, escuchando el lenguaje callado de lo vegetal. La sangre, ahora, no es un derramamiento funesto, sino un brotar que reverdece. Es cierto que ya no puede volver al jardín para
recuperar “la ilusión desperdigada”, pero las plantas y los libros escriben para ella una nueva posibilidad, una nueva sabiduría:
“En ti sembraría mil bocas
Que fueran cajones para abrir de noche” (92)
- En la estación final, recuerda que el eros sólo es uno de los tantos tipos de amor. Si
él nos estraga con la herida de sus flechas veleidosas, María Rosa hace aparecer otro atravesamiento, que ya no se ejerce con la violencia de la dominación, con la pulsión agresiva de destruir, sino todo lo contrario. La voz que crea María Rosa recibe el don luminoso de otro afecto el que, al pasar a través, le permite sustentarse de nuevo en el amor. ¿En cuál? Sanada del Eros, la voz venusina recupera las otras formas del querer. En la coda ha aprendido la philautia, el amor propio porque recibió una mirada que, al atravesarla, se erigió como su bandera. Protección mágica y elevación espiritual: la mujer rota ya es plena porque los ojos Gracias, María Rosa, por este camino amoroso.de la hija “quebraron profundamente su soledad”.
Gracias, María Rosa, por este camino amoroso.
Por Marianne Leighton

Biografía

Marianne es Doctora y Magister en Literatura Hispanoamericana por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es profesora de la Facultad de Letras de la Universidad Católica, donde realiza cursos de introducción a los estudios literarios y poesía hispanoamericana, y del Departamento de Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado, donde imparte cursos de literatura y teoría literaria para estudiantes de Pedagogía en Lenguaje. Sus investigaciones vinculan la poesía hispanoamericana con los estudios de cultura visual, la perspectiva de género, el psicoanálisis y las representaciones de los animales.
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