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Una noche cualquiera de cuarentena…(parte 3)

Soy Lela

Una noche cualquiera de cuarentena…(parte 3)

Una noche cualquiera de cuarentena…(parte 3)

―¿Qué pasa?

―¿Iba en serio lo de quedarnos aquí en lugar de ir a tu cuarto?

―Muy enserio ―respondió al tiempo que se erguía para quitarse la polera y luego quitarme la mía.

Miré de reojo a las chicas, estaban recostadas sobre el sillón y una de ellas me guiñó un ojo mientras su pareja le besaba el pecho ya desnudo. No sé si fue producto del alcohol o si realmente me excitó aquella pequeña interacción, pero se me esfumó la vergüenza y quise seguir en ese juego que era tan nuevo para mí. Renata, con una de sus piernas entre las mías se volvió a inclinar para besarme y yo me aferré a su espalda, toqué su piel suave y trigueña y desabroché su sostén, sus pechos pequeños y firmes quedaron libres y se presionaron contra mi cuerpo. Dejó de besarme para que yo también me quitara el sostén, cuando volvió a besarme pude sentir sus pezones duros contra los míos, la atraje más hacia mí como si quisiera meterme en su piel y embriagarme en su aroma febril.

Las caricias siguieron al igual que los besos, las manos hábiles de Renata desabrocharon mi pantalón y terminé quitándomelo, igual ella. Junto con los pantalones nos habíamos despojado de la ropa interior.

Aquel era el momento en el que debía decidir si seguir o no… más de tres años dedicados a una sola mujer y ahora se me presentaba esto. Las amigas de Renata estaban desnudas sobre el sillón, Silvia se encontraba entre las piernas de Lorena y esta última dejaba escapar unos gemidos tímidos. Debo admitir que mi ego salió a flote y quise dejar en claro quién era la más dominante allí. Me posicioné sobre Renata y la besé hasta dejarla sin aire, mis manos recorrieron sus muslos y se deslizaron hacia su entrepierna, allí me detuve y presioné su sexo palpitante, luego me abrí paso entre los pliegues de su piel y llegué a su clítoris erecto, lo masajeé con cuidado, ella empezó a gemir. Como por instinto la besé y mordí sus labios para que guardara silencio, una parte de mí aún se cohibía con la presencia de las dos chicas cerca de nosotras, pero eso cesó cuando Lorena dejó escapar un gemido de placer mientras Silvia se encontraba en su entrepierna.

“¿Hizo acabar a Lorena así, tan rápido?”, pensé y de inmediato mi ego me llevó a internarme en la entrepierna de Renata, pero ella me detuvo.

―¿Qué pasa? ¿No quieres? ―pregunté.

―No es eso… solo que quería usar algo.

―¿Algo como qué? ―la miré, confundida.

―Tengo un arnés, y quiero que te lo pongas… está claro que esta noche seré tu pasiva…

Asentí, y tras uno o dos minutos la vi regresar con el dichoso juguete. Me lo puse sin problemas, no era la primera vez que usaba uno de esos.

―Te voy a hacer mía ―le dije mientras la veía tumbarse sobre la alfombra.

―Qué cliché ―rio―, está bien, tómame…

Me incliné para besarla una vez más, mis labios recorrieron su cuello, su pecho, sus pezones y su abdomen, luego quedé frente a frente con ella y me ayudé con una de mis manos para poner la cabeza del juguete en su entrada húmeda, ella dejó escapar un hondo suspiro y comencé a empujar mi cadera hacia adelante, hundiéndome en ella. Renata se quejó y se aferró a mi espalda clavándome sus uñas. No sentí dolor alguno y comencé a moverme en un suave vaivén que fue acelerándose poco a poco. Miré de reojo a las chicas, ahora era Lorena quien estaba en la entrepierna de Silvia y esta última me miraba como si estuviese esperando su turno, seguí moviéndome, besando a Renata saciando esa sed que por meses había ocultado y cuando ella estuvo al borde del clímax, la penetré tan fuerte que tuvo que ahogar sus gritos mordiéndome el hombro.

Todo me es confuso ahora, pero recuerdo que Lorena y Silvia se acercaron a nosotras y pronto me encontraba penetrando a Silvia mientras Lorena besaba a Renata. Luego era Lorena quien estaba a gatas esperando por mí, mientras Silvia y Renata se entregaban la una a la otra en un sesenta y nueve. Cuando todas tuvieron un orgasmo conmigo y me encontraba agotada, mareada y al filo del desmayo, Renata se acercó hasta mí, bebió de una lata de energética que traía en la mano, tomó un sorbo y me dio a beber de su boca. Nos quedamos así, bebiendo un buen rato en tanto que la pareja se propinaba caricias y besos. Renata y yo estábamos arrodilladas sobre la alfombra una frente a la otra. Cuando la bebida se acabó, respiré y exhalé hondamente.

―Creo que está por amanecer ―le dije.

―Parece que sí, mi hermosa Nicky…Te luciste esta noche; superaste las expectativas que tenía de ti ―dijo sonriendo con picardía.

―¿Qué? ¿Cómo que expectativas?

―Siempre supe que eras una activa de tomo y lomo…

―Así que eso te llamaba tanto la atención ―reí también―. ¿Tanto se me notaba?, ¡ja, ja, ja…! ¿Así que eso te gusta de mí…?

―No solo eso, también me gusta tu postura de líder y esos ojos profundos que me clavaban su mirada cuando te decía no entender algo mientras me hacías clases… ¡Dios, me excita tanto pensar en ti como mi profesora!

―Quizá influye que soy, al menos, diez años mayor que tú…

Sin decir más, acarició mi rostro y me besó en la boca. El sabor a guaraná se sentía aún más dulce viniendo de los labios de Renata. Me llevó lentamente hacia atrás y me recosté con los brazos cruzados en la espalda, Renata me besó de nuevo y luego dirigió su atención a mis pezones, ignorados hasta el momento.

―Has sido una chica mala, muy muy mala esta noche, Nicky… Tendré que disciplinarte un poco.

“Vaya, la alumna aprendió rápido”, pensé.

Me quitó el arnés con cuidado y luego tomó solo el juguete haciendo a un lado las amarras. Lo llevó a su boca y lamió lo que antes había estado dentro de ella. La miré sorprendida.

―¿Qué piensas hacer?

CONTINUARÁ…

"Amante de las letras, los misterios de la noche y los gatos. Romántica por esencia, pasional por instinto. Enamorada de su primer amor..."

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