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Una noche cualquiera de cuarentena…(parte 2)

Soy Lela

Una noche cualquiera de cuarentena…(parte 2)

Una noche cualquiera de cuarentena…(parte 2)

―¿Es en serio? ―pregunté con voz incrédula.

―¿Por qué no?

Me invadieron los nervios, Renata era una chica muy distinta a mí, yo era cuadrada y calculadora en todos y cada uno de mis movimientos, testaruda y de mal genio… Ella, en cambio era toda luz, risas y candidez.

―Porque tengo una novia de la que recién estábamos hablando…

―Pensé que tu visión sobre el sexo era más abierta, que no le dabas tanta importancia.

―Claro, pero eso es cuando no estoy involucrada sentimentalmente con alguien.

―Bueno después de todo, parece que sí pensamos diferente. Salud por eso. ―Alzó su vaso y brindó conmigo.

Una de las chicas le pasó el micrófono y ella pidió un tema que desde la crisis social no ha dejado de ser un éxito y que terminamos coreando todas: “El baile de los que sobran”.

Me serví un tercer vaso y me senté a observar a Renata. ¿Así que tenía intenciones conmigo después de todo? Era eso o quizá quería alguien con quien pasar la noche, como sus amigas eran pareja… Mientras pensaba todo eso me dediqué a verla moverse, cantar con naturalidad mientras su pelo liso rapado en el lado izquierdo se movía sobre su espalda al compás de sus movimientos simulando a los de una estrella de rock. El piercing de argolla que tenía en el labio brillaba y sus ojos claros puestos en la pantalla parecían querer abarcarlo todo. Ella era pura pasión y calidez, yo era todo lo contrario, ¿qué le había llamado la atención de mí?

Al terminar la canción todas nos servimos un poco más de licor, yo solo añadí fuerte a mi vaso.

La música ochentera siguió sonando y de pronto sentí ganas de ir al baño, de camino revisé mi celular; tenía veinte llamadas perdidas de Maya y varios mensajes. En los últimos me rogaba que volviera, que tomara un taxi y regresara con ella, que estaba arrepentida de haberme pedido que me fuera y esas cosas; pero ya eran más de las once de la noche y el toque de queda me hacía imposible salir. El alcohol me dio el valor suficiente para atreverme a hacer algo que jamás, en tres años de relación había echo y apagué el celular. Si tenía la oportunidad de vivir una noche como soltera, ¿por qué iba a desperdiciarla? Después de ir al baño regresé al comedor que hacía de living, como en todos los departamentos modernos de mierda de Santiago en los que apenas caben dos o tres personas. Las amigas de Renata, Silvia y Lorena estaban en uno de los sillones, besándose. Renata estaba en el piso todavía, con las piernas en loto y con la espalda pegada a uno de los tres sillones. Me acerqué y me senté a su lado, de fondo sonaba algo de Aerosmith.

―Qué apasionadas tus amigas…

―Eso no es nada, deja que se tomen otro trago y vamos a tener que dejarlas solas ―dijo mirando los cubos de hielo de su vaso.

Si teníamos que dejarlas solas, era obvio que nos quedaríamos ella y yo en alguna de las habitaciones, puesto que solo había dos… a menos que quisiera dejarme dormir en el sillón y creo que ambas sabíamos que eso no iba a pasar. Éramos dos adultas que evidentemente sentían mutua atracción, había música, alcohol… y era mi primera noche de soltera después de años.

―¿Me das un último whisky?

Renata se levantó, me preparó el trago y volvió junto a mí. Sus amigas seguían besándose como si no estuviéramos allí.

Tomé un sorbo y la miré. Sus ojos almendrados estaban puestos sobre mí, alcé el vaso y brindamos para luego beber un largo sorbo, la mezcla era más whisky que energética y ambas fruncimos el ceño, luego nos reímos.

―¿Por qué tardaste tanto? Tuviste que reportarte con tu…

―No hablemos de ella, no ahora. ―La miré suplicante.

Ella esbozó una amplia sonrisa y luego miró la pantalla del televisor, comenzó a cantar y apoyó su cabeza sobre mi hombro, pude percibir el suave y avainillado olor de su perfume. No supe cómo, pero de pronto estaba acariciándole el pelo, pasé mi brazo por su cuello y nos quedamos así unos minutos, ella dejó de cantar.

―¿Quieres que te muestre dónde vas a dormir?

―¿Esa es tu invitación para llevarme a la cama? ―pregunté mirándola de reojo.

―No… ―dijo incorporándose y dejando el vaso a un lado, me miró y sonrió. Mis ojos estaban puestos en su piercing ―la invitación es esta…

Se acercó a mí y tomó mi pelo por la nuca, exhaló sobre el espacio entre mi cuello y el hombro y depositó un cálido beso sobre mi piel. Dejé escapar un suspiro, hacía mucho que no sentía la adrenalina de saber que estaba por hacer algo, algo indebido; ¿indebido? Pero si estaba soltera…

Entonces ―dije mientras subía por mi cuello―, ¿vas a llevarme a la cama?

―No, no es necesario…

Dejó de besarme me miró con picardía, me indicó con la mirada a sus amigas que habían pasado de los besos a las caricias por debajo de la ropa.

―Me estás insinuando que…

―Exacto.

Volvió a mi cuello y cerré los ojos, sus labios se sentían como una caricia ardiente y mi sangre, ansiosa, empezó a recorrer cada rincón de mi cuerpo con celeridad, concentrándose en mi entrepierna. El piercing me hacía cosquillas y deseé sentirlo sobre mis labios, nunca había besado a una chica con un piercing tan sexy e insinuante. Movida por el deseo que pensaba dormido en mi cuerpo, la tomé y la llevé hacia atrás, con un movimiento felino ya me encontraba sobre ella. Renata cerró los ojos y besé su cuello y su pecho, llevaba una polera amplia que dejaba uno de sus hombros descubiertos, deslicé uno de mis dedos sobre el filo de este y con la misma mano tomé su rostro, pasé el pulgar por su labio inferior y ella reaccionó llevándoselo a la boca. Me sentí dueña de la situación y, cuando me disponía a besarla ella abrió los ojos y, tal como lo había hecho yo, me tumbó en la alfombra; la miré sorprendida, eso no me lo esperaba, pero antes de que pudiera reclamar o decir algo ella me besó. Sumergida en aquel beso tibio y húmedo despareció todo alrededor y solo pude entregarme al deseo, a esas ganas que tenía escondidas por besarla desde hacía tanto tiempo, pero que me había negado a admitir. Mis manos querían despojarla de su ropa, desvestirla presurosamente, pero intenté calmar mis ansias, recordé que estaban allí sus amigas y me sentí algo cohibida.

―Espera, Renata…

CONTINUARÁ…

"Amante de las letras, los misterios de la noche y los gatos. Romántica por esencia, pasional por instinto. Enamorada de su primer amor..."

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