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Tú, yo, ell@s, l@s mismos de siempre, el mismo secreto…

Soy Lela

Tú, yo, ell@s, l@s mismos de siempre, el mismo secreto…

Tú, yo, ell@s, l@s mismos de siempre, el mismo secreto…

El otro día viendo Netflix, me encontré con el revival de una vieja serie gay de San Francisco y aunque no me gustó el giro que le dieron, la sensación de comunidad que marca la historia me llenó de nostalgia. 

El pertenecer siempre me pareció adictivo. El hablar en clave, el palabreo, el compartir experiencias – sin caras de espanto de por medio- me ayudó a entender dónde estaba parada y evitar darle mil vueltas a lo que era y no era en el mundo gay.

Para que hablar de compartir documentales, libros o peliculas LGTBIQ, que ante la ausencia de referentes agarraban tanta importancia que daba lo mismo si la historia ocurría en un pueblo de Suecia o en una caótica ciudad China.

La necesidad de construir identidad era tal que todo lo que olía a gay tenía atractivo propio.

Hasta teníamos nuestra propia farándula, compuesta por drag, imitadores, bailarines, famosillos de closet y dueños de discos.

Por eso amaba conocer gente del ambiente o “primos”, como les decían otros. Era como pertenecer al club de los cinco, la peli donde el nerd, el deportista, la chica perfecta, el rebelde y la alternativa rara comparten castigo y se terminan haciendo amigos o cómplices.

Aquí lo que nos unía era sin duda el secreto… 

Me acuerdo que cuando empecé a salir, la primera pregunta siempre era ¿Tus papas saben? La que obviamente venia acompañada con la historia de rigor, que en la mayoría de los casos y con ojos de hoy, resultaba bastante triste.

Pero no importaba, porque igual que el himno máximo de la comunidad, una siempre sobrevivia, asi es que te secabas las lágrimas, te arreglabas y salías bien digna a bailar porque sabías que aunque llegara Brad Pitt, más de lo que dura un encuentro en el baño, tus amigos jamás te dejarían botada.

Hoy con compañeros de más de 20 años y la suerte de tener una familia a quien no le importa tener una oveja multicolor, sigo creyendo que uno de los motores fundamentales de la vida es sentirte parte de una comunidad, aunque puedas contar a sus integrantes con los dedos de una mano.

Viveca Valencia, periodista. Desde Buenos Aires

Somos la revista lésbica de Chile.

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