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Tres son Multitud (1ra Parte)

Soy Lela

Tres son Multitud (1ra Parte)

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Estaba nerviosa, la lluvia me dificultaba ver bien por dónde caminaba y la dichosa dirección, que me habían enviado por e mail, parecía no existir en la vida real. Cuando por fin encontré la calle que buscaba vi con detención el letrero; la numeración de iba en aumento, perfecto; estaba cerca.

Cuando estuve de pie frente a la puerta bajé mi paraguas y empuñé la mano para tocar, no había timbre y el lugar era muy poco transitado. Tuve miedo: ¿y si eran un par de psicópatas? No, no podían serlo, por videollamada se veían bastante decentes, pero por otro lado, ¿qué persona decente hace lo que ellos querían hacer, peor aún… lo que yo estaba dispuesta a hacer con ellos? Miré hacia atrás, la calle principal no estaba tan lejos y por ahí debían pasar taxis, tomé mi teléfono para ver la hora y este de pronto comenzó a vibrar y a sonar en mi mano, eran ellos. No supe si responder o no, pero una voz en mi interior me decía que debía ser responsable por mis actos, que tenía que contestar, que, a pesar de todo, yo estaba ahí porque también lo deseaba.

―¿Aló?

―Lucy, Helena va a abrir. Veo que la lluvia no se detiene…

La puerta se abrió. Una elegante mujer de no más de treinta años apareció frente a mí. Su cabello claro y liso le caía más abajo de los hombros. Sus ojos pardos se clavaron en los míos.

―Pasa, querida. Hace frío.

Corté el teléfono y miré hacia arriba, por la ventana del segundo piso un hombre me miraba complacido.

Entré con un nudo en la garganta. Seguí a la rubia por un pasillo estrecho, la alfombra granate se sentía agradable bajo mis zapatos. Dejé mi paraguas y el abrigo en un perchero.

―Pensábamos que te habías arrepentido. ¿Sabes? A Joaquín no le gustaba mucho la idea de invitarte a la casa, pero yo insistí tanto… ¿algo para beber?

Asentí. Las palabras aún no se atrevían a brotar de mis labios.

―Pero mira nada más, ¡si es una preciosura! ―dijo el hombre que me había llamado por teléfono. Bajaba la escalera y se sentaba en la sala junto a nosotras.

―Lo es, pero recuerda que la pedí para mí.

―Para ambos, querrás decir ―alegó el tipo.

―¿Tú qué piensas, cariño? ―me preguntó la mujer―. Si tuvieras que elegir, a ¿quién escogerías?

―A usted…

―¡Por favor! No me digas usted, las formalidades que se queden allá con la lluvia, llámame por mi nombre, también a mi esposo.

Y bien, ahí estaba, frente a Helena y Joaquín. Hacía un par de semanas los había conocido por una página de citas… bueno, no de citas convencionales, sino de citas swinger. Tengo veintidós y siempre he sido abiertamente lesbiana, pero la idea de estar con un hombre no me venía tan mal… En la web, ella había dejado un anuncio en el que solicitaba a una chica de entre veinte y treinta años para hacer un trío con su esposo, le respondí por interno y conversamos amenamente por varias noches. Tuvimos sexting en más de una ocasión para ver qué tal nos llevábamos en un plano imaginario, sin embargo, las cosas se habían puesto algo candentes la noche anterior y Helena me había rogado que no la hiciera esperar más. Era su primera vez con una mujer, en un trío. Para mí lo eran el trío y su marido.

La música de jazz era bastante sugerente. Helena y yo bebimos rosé, Joaquín un vaso de whisky en las rocas. Cuando el alcohol hizo lo suyo, Helena se puso de pie, caminó hasta el sofá en el que estaba su esposo y lo besó en la boca, luego en el cuello. Me miró de soslayo y se sentó en sus piernas. Yo llené mi vaso de vino otra vez, dejé la botella sobre la mesa de centro y me quedé mirándola. Su vestido sin espalda era bastante ajustado, le llegaba poco más abajo de la rodilla, pero al sentarse este se había recogido un buen poco y había dejado sus piernas al descubierto hasta la altura del muslo. Me limité a observar en silencio, me gustaba lo que veía y pensé que no había sido tan mala idea haber llegado hasta ahí.

Helena era muy sexy. Su marido la tenía tomada de la nuca y la besaba con fervor mientras una de sus manos recorría sus pechos. Ella se sentó de espaldas a él, mis ojos y los suyos se encontraron. Me sonrojé. Joaquín ahora empujaba levemente su cuerpo contra su mujer y ella me miraba coqueta. Me puse algo tensa y aparté la vista, Helena dejó lo que estaba haciendo y caminó hacia mí.

―¿Qué pasa, cariño? ¿Temes no poder hacer conmigo lo que Joaquín está haciendo? ¿Estás asustada, Lucy…?

La miré y ella sonrió. Me guiñó un ojo, posó una mano sobre mi hombro y se acercó hasta mi oído.

―Quiero que tú me tengas primero…

(…CONTINUARÁ)

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"Amante de las letras, los misterios de la noche y los gatos. Romántica por esencia, pasional por instinto. Enamorada de su primer amor..."

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