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Esto vivimos en Belladonna Nigth Club Vol.3

Soy Lela

Esto vivimos en Belladonna Nigth Club Vol.3

Esto vivimos en Belladonna Nigth Club Vol.3

Puede servirte como lubricante de lectura

Imágenes Paganas se me desnudan…

Una misión secreta había llegado: Vivir la experiencia Belladonna Nigth Club Vol.3. No sé muy bien de lo que se trata pero algo es seguro, no me la puedo perder. Camino como una espía en la noche subterránea y junto a mi camarada nos dirigimos a la ubicación acordada. Es un acogedor bar con una pantalla gigante qué modo videoclip lanza porno vintage. En cada mesa hay una copa llena de chocolates. Las anfitrionas dicen que las performances comienzan en un rato mientras dos juegan a rozarse en sus trajes de látex. Nosotras comenzamos bebiendo una primera ronda de Piscola que luego será la segunda y la tercera y (…) La puerta se abre y se cierra. Ya somos unos 30 comensales de esta comunión cáustica.

El Diablo Rojo baja las escaleras junto a la Diosa Dominatrix  y nos invitan a subir. Se nos advierte que éste evento es creado por trabajadoras sexuales para nuestro placer, que podemos llegar a donde queramos siempre y cuando paguemos tributo y que cada show se merece su propina.

La Herética Erótica Exótica se sube al escenario con una bata y canta mientras se va recorriendo toda. Se masturba ante nuestros ojos y sus gemidos se unen a la turbación colectiva. El ambiente se vuelve húmedo, sus dedos están dentro de ella y de un momento a otro, desde donde nace toda ésta fantasía ya encendida, se asoma una perla que se transforma en un collar completo. Se lo pone al cuello, lo lame y comienza una subasta por el objeto deseado.

Entre los rostros que no debo recordar hay hombres y mujeres de todas las edades y lugares que disfrutan como niños. El espectáculo continúa con una sesión de BDSM a cargo de la Diosa Dominatrix y la sumisa que se queja como gatito: palmadas, el rastrillo que quema, fusta a piel, esperma de vela derritiéndose en la espalda, arañazos y muchos billetes entre sus pliegues… a estas alturas yo ya figuro sentada al lado de una Dómina que me entrevista y graba mi voz. Otras se acercan, me cuentan sobre las Aauch, que debo ir. Me siento en confianza rodeada de mujeres de todos los cuerpos y texturas, todas bellas.  Disfrutan su sexualidad, crean sus propias reglas, son feministas y disidentes. Les pregunto si me pueden dar con la fusta que traen en la mano y entre palabras tiernas me van guiando. Me inclino, siento mi respiración calmarse, se genera una tensión en la espera del golpe. Es mi primera vez. Mi ama me pide que le diga mi dolor de 1 a 10 y me llega el primer azote. Fue placentero. 1 digo y así viajamos de número a número. El 5 sonó doloroso pero fue excitante, el 6 dolió un poco y fue mi límite.

Bajo las escaleras en busca de otra piscola, hablo de sexo y política, de la falta de exploración propia, de la moral, del poder, de la necesidad de espacios para la sanidad mental y sexual de los seres… en eso me siento atraída por la Diosa Dominatrix. Sentada cerca de la barra me está mirando fijo, la miro, me sonríe y me siento poseída por un escalofrió. ¿La estás pasando bien? Me pregunta. Iniciamos una conversación, le confieso que una vez le pegué a alguien en la cama, que fue increíble pero que me asusté porque la dejé muy marcada y que no quería hacerle daño. Me penetra con sus ojos verdes y me contesta que el moretón es el placer, que el tiempo que dura es todo lo excitante que estuvo, que te hace recordar y calentarte, que lo hice bien… y entre el coqueteo infinito le pregunto si puede darme mi primer spank y me dice que eso le encanta. Yo apoyada en una silla, su mano me acaricia, me relajo y espero el espasmo. Me gustó, le digo. A mí me gustó la sensación que me quedó en la mano (y de ahí en más los vasos con hielo se me derretían en segundos)

Ahora hay un espectáculo mucho más duro y placentero que dejaré a la imaginación. Yo pongo mi atención en el ser que pinta un cuadro, me recuerda al protagonista de “La Chica Danesa” en él, todo es hermoso y frágil. A ratos se escuchan gemidos desde los privados mientras el show sigue. Para finalizar el Puto Mandinga entetado hace una performance enérgica que termina con el pintor metiéndole una vela bengala por culo. Salen llamas. Vuelvo a toparme con la Dominatrix que ya se me hace exquisita.

  • ¿Cuánto me cobrarías por un beso?
  • ¿Cuánto estás dispuesta a pagar por un beso mío? Soy una profesional…
  • Te puedo pagar escribiendo todo lo que me nazca contigo pero ¿Luca?
  • Bueno, entonces ahora yo me voy y cuando quiera te lo doy. Es parte de tenerte atrapada

Y la bella Donna se va a otros juegos. Ya es tarde. Yo sigo en mi sueño irreal, lo observo todo sin ser parte de nada, la poesía me vuela en la cabeza. Me siento en una película surrealista. La noche está hirviendo y hay prometida una orgía final. Nosotras encontramos que ya es suficiente, que disfrutamos la experiencia al máximo, que hay que levantarse temprano. Nos despedimos de los que pillamos en el subsuelo. Me despido de ella, me dice ven y voy. Me llevo su beso intenso, rico, vivo, ardiente, hecho carne en la boca.

  • Ahora me debes plata
  • ¿Te lo puedo transferir?
  • Me la pagas las próxima vez…

Y así, medio cantando y medio bailando nos perdemos en la noche cómplice. Los sueños que tuve esa noche fueron electricidad pura y me los guardo para placer propio.

Fotos: Andres Valenzuela @andresvalenzuela.cl

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Dramaturga

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