Connect with us

Burdas.cl

Burdas.cl

El viaje de Anto, Capítulo III

Soy Lela

El viaje de Anto, Capítulo III

El viaje de Anto, Capítulo III

El que la sigue la consigue… En la guerra y en el amor todo vale

Cuando la Fran empezó a contarme todo acerca de su romance lésbico apenas podía ponerle atención. Mi cabeza daba vueltas, el corazón me latía a mil, es que no lo podía creer, primera vez que me gustaba una mujer; real, no de teleseries y estaba contándome que también le gustaban las mujeres, o por lo menos una, nunca hablamos de ser lesbianas, ni siquiera me importaba, quería probar, ver cómo era darle un beso, sentir sus labios, la suavidad. De seguro es completamente distinto a besar a un hombre, pensaba.

Pero de verdad, jamás me plantee tener una relación seria, ni nada por el estilo, por lo menos en un principio, aunque esa sensación de que había conocido a mi media naranja, de hace más de dos años atrás, al mirarla seguía ahí, intacta… Qué extraño, ¿realmente esa chica de ojos intensos podía ser mi alma gemela? La única forma de salir de la duda era besándola, así de simple para mí en ese momento, después claro todo fue mucho más complicado de lo que imaginé esa noche.

Bueno, ¿ahora qué hago? ¿Cómo lo hago? Tengo que agarrármela, tiene que ser ella… No quiero que sea nadie más. Todo eso pasaba por mi cabeza mientras me contaba de su aventura/enamoramiento, lésbico…

Estuvimos harto rato sentados, bebiendo y conversando, el gordo nos dijo que ya era hora de que fuéramos a bailar, ellos se adelantaron, yo pasé por la barra, me pedí una piscola y mientras me la servían me puse a conversar con el barman, era re buena onda, nos reímos harto, me hizo unos tragos gigantes, onda una piscina de pisco… Ahí se me prendió la ampolleta, ¿y si la curo? Se puede pero es feo, pensé, pero mis ganas y mi madurez terminaron por encontrarme toda la razón… Tenía que embriagarla y embriagarme, así las dos relajaríamos un poco y todo fluiría más fácil, pensé…

A ver, igual, en mi defensa, tenía 18 años y fue la estrategia más lógica en ese momento. Obvio, calor, transpiración, sensualidad y alcohol… Y así no más fue, baile, una piscola, baile, otra piscola, sucesivamente cada 10 minutos, iba y venía de la barra… Fueron cerca de 7 vasos, estábamos ebrias. Sonaba Madonna, había un especial con la doble oficial. A pesar de que el trago me tenía bien envalentonada igual no podía más de los nervios. Le tomé la mano, comencé a hacerle cariño, estaba atrás de ella. Se dio vuelta. Bailamos, la música era más o menos rápida las típicas más conocidas de Madonna, Like a virgin, Like a Prayer, las clásicas, pero nosotras nos abrazamos; quería quedarme así para siempre, pegada a ella. Nos miramos. Las mariposas tenían una fiesta en mi estómago. ¿Me lanzo? Sí, no, no sé y de repente, de un segundo a otro estábamos dándonos un beso, no sé quién dio el primer paso, sólo sé que por fin nos estábamos besándonos.

Fue una noche mágica, no lo podía creer, ¿me estaba enamorando?, ¿podía pasar algo así sólo con un beso? Es que les juro que yo esa noche estaba segura de que habíamos nacido para estar juntas.

Claro que como en mi vida las cosas no pueden ser tranquilas y normales, el cuento se empezó a poner medio turbio. El gordo, que no soportaba no ser el centro de la atención, parece que se colapsó con esto de que dos de sus amigas hayan estado en esos pasos y como todos estábamos enfermos de ebrios se metió en medio besando primero a la Fran, después a mí, después los tres… Yo quería que se fuera, que nos dejara solas, pero al mismo tiempo nunca había hecho nada cercano a un trío, o sea ni cercano ni lejano, yo era virgen. Es que aunque antes tuve pareja nunca me quise acostar con ellos, pero eso es harina de otro costal.

Besos entre los tres, besos las dos solas, baile, y de nuevo todos agarrando, hasta que Fran fue al baño y aproveché de pedirle al gordo, – con la sutileza que desde chica me caracteriza -, que me dejara tranquila, que quería estar sola, que la mina me gustaba de verdad… Aunque me hizo caso, por todo lo que pasó después tengo claro que mucho no le gustó…

La noche avanzaba cada vez mejor, me sentía en las nubes, el gordo por su lado encontró a un tipo por ahí y nosotras extasiadas, en medio de la pista de baile con los labios recorrí su bica, su cuello, sus hombros, mis manos querían tocarla, pequeños roces nos acompañaban al ritmo de la música, pero tampoco me atrevía a avanzar más, no sabía cómo hacerlo.

Cerca de las 5 de la mañana nos fuimos, a la rastra por el exceso de alcohol, llegué a mi casa alucinando, todavía no lo podía creer. Sólo una cosa, -aparte del mini trio -, me pareció extraña, un tipo que bailaba cerca de nosotras como tres veces nos iluminó con un encendedor las caras, raro pero no presté mucha atención en ese momento… Ni siquiera me fijé bien quien era… Un par de semanas después me enteraría y no sería agradable…

Lee los capítulos I y II

Somos la revista lésbica de Chile.

Click para comentar

Debes estar logueada para comentar Login

Leave a Reply

Más en Soy Lela

Arriba