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Cómo enfrentar el Desamor

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Cómo enfrentar el Desamor

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Así como el enamoramiento o el sentirse enamoradas, es un fenómeno natural y que las mujeres consideramos como; mágico, incontrolable, increíble, misterioso e inexplicable, por otra parte, el desamor (la otra cara del espejo) es un fenómeno que, en teoría, tiene los mismos atributos, y tampoco podemos controlar.

¿Qué es esa fuerza tan irrefrenable que nos hace pasar de un momento a otro del amor profundo a la decepción?, ¿por qué a veces nos sentimos incomprendidas?, ¿por qué sentimos que nunca encontramos el amor perfecto?, ¿por qué tenemos que vivir esa cosa llamada desamor? y ¿por qué nos cuesta tanto superarlo?. Motivos hay muchos, pero ahora pasaré a mencionar dos causas, que por mi experiencia, son las más recurrentes:

La primera causa, es el amor romántico y la mitificación del amor. Vivimos en un entorno de estereotipos románticos idealizados en nuestra cultura, de modo que muchas veces nos creamos altas expectativas en forma de mitos: la princesa azul, la Angelina Jolie de mis sueños, la media naranja, la mujer perfecta, el amor verdadero, etc. Pero cuando la realidad se impone, las expectativas se convierten en frustración, porque cuando pasas la esfera del enamoramiento, empezamos a conocer realmente a la persona que tenemos al lado.

De un momento a otro, esa “mujer venida del espacio” se convierte en humana, nuestro objeto de amor resulta ser como el resto de las personas, con defectos y virtudes, con sus miedos y sus prejuicios, con sus mañas y simpatías, con sus bondades e inseguridades, y esa caída de pedestal (en lo que no tiene nada de culpa la otra persona), si no lo sabes madurar, se convierte en decepción, y la imagen de la mujer perfecta y de amor eterno se va a las pailas. El resultado es que ese desencanto hacen mella en la pareja, hasta el punto de que la gente es capaz de meterse en espirales de reproches mutuos para el resto de su vida, lo que convierte a la relación en un infierno.

Queridas amigas, el amor no es un estado perfecto, no es de película y no siempre es armonioso, debido principalmente a que la persona que tenemos en frente al igual que tú, no salió de un libro. Las parejas que pasan la valla de lo “platónico” y “fantasioso” logran construir una relación, que lejos de ser perfecta, al menos les otorga realidad. No te aferres al sueño Hollywood del amor.

Un segundo gran motivo, es el tipo de relación que se construye, y que tiene relación con los roles sociales que se adoptan al momento de convivir en pareja. Ya sabemos que la cultura patriarcal, construida bajo la idea de asimetría en el poder y que mira el mundo de una forma binaria, de una u otra forma nos influye. Esa cultura, nos aconseja de muy pequeñas a ciertos mandatos sociales en la “convivencia del amor”. Esa dinámica confunde, sobre todo, porque que cada vez las mujeres estamos menos dispuestas a fijar nuestras vidas a estereotipos, y encargarnos de tareas impuestas. Y esas resistencias naturales (y muy loables por lo demás) convierten a la relación en un campo de batalla, donde se libra una lucha feminista por el control: ¿quién cocina?, ¿quién ordena?, ¿quién hace desorden?, ¿quién trabaja?, ¿quién paga la cuenta?, ¿quién tiene permiso para salir?, ¿quién puede tomar alcohol?, ¿quién puede llegar tarde?, ¿quién?. Esas prácticas vinculantes pueden ser parte de una pugna, donde la rebeldía es la protagonista. Por tanto, si no son conscientes de esas tramas culturales, y no son capaces de comunicarlo, esa piedra en el zapato llevará a la sensación de incomprensión, hay parejas que se han separado porque nunca supieron superar asuntos domésticos como el desorden de un clóset, o peor aún, ejerciendo violencia simbólica, cuando una de las partes no deja que la otra salga sola con amigas, simplemente, porque ella no trabaja. Ese tipo de construcciones lleva inevitablemente a la pérdida de interés y con ello, al desamor.

Ahora bien, quiero aclarar, que ambos fenómenos, tanto el amor romántico (la decepción), como la pugna por la construcción de una relación simétrica (la incomprensión), pueden ser de-construídas, trabajadas, re-elaboradas y con ello, quizás lograr frenar el desamor e incluso el término de una relación. Sin embargo, mis estimadas lectoras, debemos tener claro que la “pérdida”, si bien, puede ser vivida como un proceso muy doloroso, al mismo tiempo, y aunque no lo crean, puede traer consecuencias positivas, como la liberación de responsabilidades, el cese de las discusiones, y la sensación de recuperación total de la libertad de decisión.

El desamor es un momento más que nos acompaña en nuestro periplo de vida, la cual es una mezcla de pérdidas y de ganancias. La edad y el tiempo nos entrega y nos quita cosas, y a lo largo de nuestro camino afectivo, la gente aparece y desaparece. Al ser humano le cuesta ser capaz de entender emocionalmente y psíquicamente las sensaciones del “nunca más” o un adiós definitivo. Sin embargo, no nos cuesta nada creer en el “te amaré por siempre”, simplemente porque amamos la grandeza de su palabra y anhelamos la eternidad.

Entonces querida amiga, te hago una invitación filosófica: vive el desamor, experimenta el duelo, y así acontecerá un giro radical en tu vida, apareciendo la mujer reflexiva, la que deja de creer en el amor como “un estado idílicamente perfecto”, y lo asume como un espacio emocional normal de la vida, como un esfuerzo por mejorar como persona. Al entender aquello estarás más atenta al tipo de relación que estás construyendo. Acoge el presente como la única posibilidad, y entiende que así como la vida, el amor está sujeto a cambios inesperados.

 

Dra. Pau

Psicóloga

Web: https://paula-munoz-psicologa.webnode.cl

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