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Amor, amor ¿Dónde oí esa palabra antes?

Soy Lela

Amor, amor ¿Dónde oí esa palabra antes?

Me cago en el maldito romanticismo barato. Sí, así mismo. Me cago en todas las historias de amor que me decían que era una mujer (pero incompleta, escindida) que mediante el amor -de su vida decían- encontraría ese “algo que le falta” y que solo con ese algo podría ser -y sobre todo sentirse- un ser íntegro y feliz.

Me cago en todas esas veces que se me dijo -y creí-  que tener una relación con alguien era una necesariedad y que la soltería representaba una especie de carencia . ¿Carente de qué ?

Me cago también en esa historia patética de que el amor no se debe soltar nunca, aunque duela en exceso. Que hay que aguantar y superarlo todo, porque es sinónimo de entereza en una relación y vamos por buen camino entonces. Me cago (y especialmente en esta) en todas las películas, personas, canciones, acciones y lo que sea, que te imponen el término de una relación amorosa como algo terrible, trágico, espantoso y sobre todo doloroso, algo de lo que “hay que recuperarse”. Insisto, ¿Recuperarse de qué?

Me cago en todas las formas por las cuales la sociedad me intentó hacer creer por años de que el amor (y el desamor) duele, que hace daño pero que es un “costo a pagar”, que es necesario un otre sin dudas, que para cerrar el ciclo de una relación se necesitaba otra “mejor”, que necesitaba compañía, que conmigo no era suficiente.

Hoy decido entender que el amor con otro ser implica compartir un momento (a veces de años, a veces volátil) y tu tiempo (valioso) que jamás será recuperado si no invertido por voluntad y ganas, que el otro no te pertenece ni te debe nada nunca incluso aunque estén en una relación, que el apego se esconde bajo capas de necesidades modernas y que lo más valioso que tiene cualquier persona, es su forma única de ser, pensar, sentir y habitar en mundo de forma propia y particular ;Y que es en esa misma diferencia en donde reside su valor propio innegable como ser humano.

El amor jamás duele, bajo ninguna circunstancia. Duele el apego, los celos, las inseguridades, las relaciones dependientes, las creencias dañinas, las malas actitudes y las formas de vincularse que desgastan, pero el amor nunca. El amor es libre, sin prejuicios, sin obligaciones, sin necesidades. El amor es lo único que de ninguna forma podría significar sufrimiento y seguir siendo amor.

Esto no quiere decir que no se pueda sentir tristeza, pena y desamor. Tampoco quiere decir que no vaya a significar un cambio, porque es posible que el término de una relación te obligue a readaptarte y reordenarte de muchas maneras, y está bien, cada quien con su proceso. Simplemente quiere decir que me aburrí de la forma terrible, dolorosa y molesta en la que te imponen este disfraz de amor y que me voy a permitir entender que algunas veces las relaciones se terminan para mejor, que puede ser una instancia necesaria para reencontrarme conmigo misma, para cambiar, conocerme más y buscar nuevos horizontes.

Entendí finalmente y gracias a la vida que no necesariamente tengo que encajar en el molde de una relación rota que se me muestra en lo cotidiano y que si quiero y lo siento así, puedo simplemente no inmutarme ni tiritar la voz la próxima vez que alguien sepa que se terminó y escuche  ” Pobrecita… estás muy mal?” para responderles : ” No cariño, estoy bien, estoy conmigo misma , gracias por preguntar”

22 años. Escritora lesbofeminista desde los 13, estudiante de psicología de tercer año en UAHC, amante de la libertad de expresión y la diversidad.

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