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Alfa y Omega (2da Parte)

Soy Lela

Alfa y Omega (2da Parte)

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La amaba tanto que no sabía qué hacer, me ponía en extremo nerviosa al verla, me sentía tan desvalida ante sus palabras… ante sus exigencias; yo simplemente no era suficiente. Un alma como la suya necesitaba algo mejor, algo mucho más grandioso que lo que había dentro de mí… y empecé a dejar que ella tomara la iniciativa; no me sentía digna de acercarme a exigir un beso ni a abrazarla sin que antes me hubiera dado una señal de aprobación. En varias ocasiones me cortó mientras intentaba llamarla y me trataba fría y distante delante de otras personas, ese hielo se endureció en mi pecho y empezó a doler. Y dolió mucho más cuando me dijo que mejor nos separáramos.

Intenté llenar ese vació inmenso conociendo otras personas, trabajando y estudiando, leyendo, saliendo con amigas, pero era inútil; cada mañana despertaba llorando al recordar que ya no me quería.

Pasó casi un año, empecé a salir con un chico. Yo estaba haciendo preuniversitario, él era un poco mayor que yo.

Volví a verla un día, nos topamos en un gimnasio y no supe qué hacer, me acerqué para saludarla, pero me rechazó. El frío me abrazó de nuevo y sentí ganas de llorar, pero no lo hice. Al final del entrenamiento se me acercó, me apartó del resto y me pidió perdón. Me dijo que fuéramos como antes, que no dejáramos de ser amigas… que me quería. Lloré como si alguien que pensaba muerto hubiera vuelto a mí. La abracé como un naufrago a un pedazo de madera flotando en el mar, como un enfermo terminal se abraza a la vida… fui feliz otra vez después de mucho tiempo.

Como había vuelto a tener cierta cercanía con ella, dejé al chico con el que salía.

Pasó un año más, la calma había vuelto, éramos amigas y con eso me bastaba. Conocí a otro joven que llamó tremendamente mi atención, salí con él y empecé algo serio. Ella, por su lado, tenía algo serio también. Las cosas debieron haber andado bien…

Pero como siempre, cada vez que la veía y se me acercaba, todo volvía a cambiar. Me pidió que dejara al tipo a cambio de verla más seguido. Me besó y pensé que eso era lo único por lo que valía la pena vivir. Dejé al joven, pero ella no dejó a su chica, nunca lo haría.

Y así pasé largos años, tuve parejas que fui dejando por estar con ella. Camila desparecía de mi vida y volvía de vez en cuando para ofrecerme algo de cariño, algo de lo que le quedaba para mí. Reconoció haber recorrió muchas camas, derrochar muchos besos, volvía con su novia y luego, aburrida de todo, volvía a mí. Y ahí estaba yo otra vez, mendigando por un poco de ese espíritu rebelde, por unas migajas de ese amor que me restringía y me daba en pequeñas dosis, muriendo como muere un adicto a la morfina que se niega a la rehabilitación porque cinco minutos de felicidad compensan una vida de dolor e incertidumbre…

…Ahí estaba de nuevo esperándola, esperando los restos de su cariño aún sabiendo que nunca sería solo mía; porque a pesar de ser una más en su vida… ella, en cambio, era la única para mí.

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"Amante de las letras, los misterios de la noche y los gatos. Romántica por esencia, pasional por instinto. Enamorada de su primer amor..."

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