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Acorazadxs ¡Qué lance la primera piedra quién este libre de traumas!

Vida y Salud

Acorazadxs ¡Qué lance la primera piedra quién este libre de traumas!

Acorazadxs ¡Qué lance la primera piedra quién este libre de traumas!

De la mano de Mailen Ema Sofía, te invitamos a viajar por una linea de notas que abordarán temas directo a nuestra salud mental, que en algún momento debemos conversar, debatir, pensar, actuar, por la importancia que tienen para cada un@, sobre todo en estos días. Atención!

Puedo imaginar que cada persona que lee este artículo tiene sus propios demonios y dilemas con los que lidiar, cosas traídas de la infancia, la crianza, la cultura y todo lo que nos rodea e influye. Creo más aún que dentro de la comunidad LGTBIQ+ una gran mayoría ha debido sufrir de segregación, discriminación y acoso, por lo que tuvimos que aprender a defendernos e imponernos para validarnos logrando irremediablemente acorazarnos.

Ciertamente es parte de nuestro instinto protegernos, por lo que fortalecernos frente a los retos es una virtud destacable y promovida. Desde pequeñes nos enseñan que la vida no es un camino fácil de transitar por lo que debes prepararte, estar alerta y ser capaz de sobreponerte ante las dificultades, o sea desarrollar la “resiliencia”. También se nos dice que las emociones consideradas como negativas deben mostrarse en menor medida; la rabia, la pena, la angustia idealmente han controlarse, ocultarse y vivirse casi en solitario. Y se nos adoctrina para ello desde la casa, como cuando nos mandaban a encerrarnos en nuestro cuarto hasta dejar de llorar, y también desde el colegio, dónde ser un buen estudiante es sinónimo de permanecer en silencio, sin moverse y dócil frente a las instrucciones.

Me atrevería a apostar incluso, que desde el hogar y del proceso escolar surgen la mayoría de nuestros traumas ya que son las primeras instancias donde vivimos el rechazo, el abandono o la descalificación. Son en estos núcleos de socialización en los que tuvimos que demostrar ser válidxs para recibir aceptación y afecto, así que fueron nuestros primeros aprendizajes sobre mecanismos de defensa y protección frente al dolor. Fue en estos espacios donde aprendimos a reírnos de nosotros mismos, enfrentar los ataques con violencia o aislarnos en nuestro mundo, creando poco a poco y a veces sin darnos cuenta, una careta o personaje de nosotros mismos, que mostramos hacia otros para que no reconozcan nuestros puntos vulnerables o se mantengan a distancia de ellos. A veces puede ser tanto el dolor que se debe soportar, que pareciera que el personaje se come a la persona y ya solo actuamos a la defensiva o en base al “deber ser”.

Por eso es importante hacerse ciertas preguntas ¿Hasta que punto nuestra coraza nos puede mantener insensibles, agresivos o distantes? ¿Es un peso extra con el que cargamos? ¿Es necesario perder la ternura para protegerse?

Desde hace algunos años atrás que soy consciente de como forje y cuanta energía entregue a la creación de mi armadura, utilizando a ese personaje para poder surgir a través de las dificultades propias de todo crecimiento, salvándome muchas veces de situaciones violentas o peligrosas, por lo que ciertamente le estoy agradecida. Pero también he debido aceptar que durante mucho tiempo su peso fue una carga, su rigidez un obstáculo y la agresividad que podía ejercer, me hacía daño y no sólo a mi.

Desde entonces comencé a entender que un corazón fuerte no es un corazón endurecido y que almacenar la rabia que esconde el dolor, para luego usarla en cuanto sintiese un ataque, no es más que una forma de auto flagelo y de separarme de lo esencial de la vida. Por que si, la rabia no es más que pena hirviendo que estalla como el magma cuando el sufrimiento anuncia su llegada, quemando todo a su paso; la capacidad de empatizar, de sensibilizar y de tener el juicio adecuado para decir las palabras necesarias que nos permitan expresar nuestros sentimientos.

Lo rígido se rompe fácil y la agresividad no atrae el amor ni proporciona la sabiduría para sanarse, y todes necesitamos sanarnos de los dolores de la vida para descubrir quienes somos tras los miedos y los traumas, para poder relacionarnos con otres sin levantar nuestros muros y ponernos la coraza. Entendiendo que nuestros mecanismos de defensa son necesarios para ciertos momentos y ciertas personas, pero no para vivir la vida con ellos ni forjar vínculos amorosos a partir de las heridas de experiencias pasadas.

Mi madre siempre me dijo “el dolor es crecimiento” y esa frase la convertí en mi estandarte de vida tomando el dolor como maestro, pero luego tuve que aprender por mi cuenta que crecer también requiere saber depurar el dolor y convertirlo en fertilizante. Vivir la pena, llorar todo lo que haya que llorar y observar el aprendizaje en la experiencia, entendiendo que los errores cometidos son parte del nuevo conocimiento, que las culpas no tienen sentido y que las desilusiones son en gran medida producto de las propias expectativas.

“Hay que endurecerse sin perder jamás la ternura” decía el Che Guevara, y me parece fundamental que en estos tiempos de caos entendamos la importancia de fortalecernos, pero no desde la fuerza bruta, si no a través del auto conocimiento y la comunicación efectiva, vincularnos a través de la empatía o bien soltando lo que nos hace daño, pero siempre con ternura, con el cuidado que merece todo ser sintiente.

Película recomendada (favorita de la vida) : Hedwig and the a Angry Inch

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