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Soy Lela

Abrázame (Final)

Abrázame (Final)

Yo de verdad la quería. La quería como se quiere ver el sol en primavera, como se quiere un chocolate caliente en una tarde de lluvia… como se quiere ver la puesta de sol en la playa… así la quería.

Cuando conocí a Rocío, esa joven entusiasta y extrovertida, cuya presencia iluminaba hasta el cuarto más oscuro, cuyos ojos profundos eran capaces de hundirme en las olas de ese mar embravecido; éramos muy jóvenes, ella más que yo. Cuando se dio la oportunidad y rompimos la barrera de la amistad para ser algo más, todo era perfecto… Pero lo arruiné. Lo eché a perder dejándola sola cuando me suplicó no hacerlo y la relación se acabó. Después de un año en el sur me cansó la vida de provincia y regresé para establecerme definitivamente en la capital, tenía buenos contactos y pude pedir un traslado. No salí con nadie en meses, quizá tuve un par de encuentros casuales en algún bar, a veces con hombres, otras con mujeres; generalmente prefería estas últimas, pero no volví a encasillarme en una relación. Cuando Ro me contactó para que nos reuniéramos a conversar y me contó que iba a casarse, más bien, me lo confirmó, sentí que algo en mí se moría. Creo que nunca tomé en serio nuestra ruptura, siempre creí que ella iba a volver a mí para pedirme otra oportunidad; yo me había ido, pero la relación la había terminado ella. Quizá fui muy estúpida, me quedé esperando en lugar de ir a buscarla, había perdido tiempo valioso y todo había terminado, Rocío iba a casarse y lo menos que podía hacer por ella era estar feliz.

Pasó el tiempo y seguí mi vida, o intenté hacerlo. Conocí a una mujer muy guapa, un poco mayor que yo, pero no funcionó; ella era madre de dos niñas y tenía un marido al que probablemente nunca dejaría, la llevé a mi cama un par de veces, pero solo lograba satisfacer en parte mi apetito sexual… creo que soy de las que prefieren hacer el amor antes que tener sexo, es una cursilería y probablemente muchas lo digan, sin embargo, yo lo sentía así de verdad.

Cuando había pasado más de un año desde que Rocío había desaparecido de mi vida, recibí un correo electrónico suyo, me pedía verme. Me alarmé, sentí nervios; ¿qué podía haber pasado? ¿Estaría grave, tendría cáncer…? ¿O solo quería verme otra vez? Y de ser así, ¿por qué? Decidí no responder de inmediato, no podía ser tan evidente, se suponía que yo la había superado… ¿lo había hecho en realidad? La había dejado libre, había respetado su petición de no volver a acercarme para que pudiera ser feliz con la persona que había elegido, pero me moría de ganas por verla otra vez. La invité a mi departamento, llegó en la tarde y mi corazón se congeló, espero haberlo disimulado bien. Charlamos un rato; protocolos, obviamente, era un hecho que ella había venido por mí, lo supe en cuanto cruzó la puerta. Eso de que su matrimonio andaba mal no se lo creía. No había dejado de amarme, solo no se atrevía a reconocerlo. Lo admito, caí bajo aquella tarde, sabía que estaba casada y no me importó, la vi vulnerable y actué sin pensar. Me desnudé ante ella y la hice llevarme a la cama como lo habíamos hecho tantas veces un par de años antes.

Nos juntábamos cada semana, no siempre se quedaba a dormir conmigo, no obstante, siempre volvía. No hablábamos mucho, preferíamos ocupar el tiempo en besarnos y acurrucarnos en la cama. Creo que todo iba a mi favor, hasta nuestro último encuentro, un par de días atrás.

―Creo que lo sabe… ―me dijo mirando al techo mientras jugaba con mi pelo. Las sábanas estaban tibias, mi respiración recién se calmaba luego de haber hecho el amor por horas.

―Ro, quizá sea tiempo de que hagas algo, de que converses con ella y le digas lo que pasa.

―No puedo, no puedo hacerle eso a Carla, ella se porta tan bien conmigo…, si antes era atenta, ahora lo es mucho mas, incluso…

―¿Incluso volviste a tener orgasmos con ella? ―Los celos me estaban matando, no podía ni quería seguir compartiéndola.

―¡Constanza! ¿En qué momento te volviste tan fría? ¿Qué pasó con la Constanza dulce que conocí?

―Quizá se aburrió de tu indecisión y quiere una respuesta, a lo mejor tiene un corazón, igual que Carla ―me arrepentí de inmediato de lo que había dicho, pero ya era tarde, había lanzado la flecha envenenada y Rocío no lo iba a pasar por alto.

―¿Sabes por qué me alejé de ti cuando te fuiste a trabajar a otra región?

―Porque te aburriste de tener una relación a distancia, lo entiendo, sé que la culpa fue…

―¡Me alejé para llamar tu atención, para que por fin abrieras los ojos y te devolvieras! Yo… solo quería que volvieras a estar conmigo. Sé que aún estaba estudiando, era menor que tú y no podía ofrecerte mucho, pero pude haber trabajado los fines de semana y te hubiera ayudado a arrendar algo… para nosotras ―me interrumpió.

―Rocío, tú… tú nunca me dijiste que tenías esos planes.

―¿Qué tan en serio me ibas a tomar? Cuando lo pensé y quise decírtelo tú ya habías firmado contrato para irte de la ciudad, no me preguntaste nada, ¿qué tan importante era yo para ti, si eras capaz de tomar una decisión como esa sin decirme?

Me incorporé para mirarla, sus ojos estaban enrojecidos y un par de lágrimas amenazaban con salir.

―Rocío, lo siento ―fue lo único que pude decir.

―Debiste haberlo sentido antes.

Se puso de pie y comenzó a vestirse, la tomé de los hombros y la tumbé en la cama.

―Mírame, dime que amas a Carla, que me odias por lo que te hice y dejemos esto de una puta vez, pero si no es así…

Me atrajo hacia ella y me besó.

―Tú fuiste la primera persona que amé, pero cometiste errores. Carla ha cometido menos que tú… ¡Te amo!, ¡pero estoy tan furiosa contigo!, ¿tienes idea del daño que me hiciste?

―También sufrí, Rocío, no creas que solo a ti te duele.

―Lo único que te pedí fue que te quedaras conmigo… y me fallaste.

Comenzó a llorar. La abracé fuerte contra mí y le besé los párpados, la frente, los labios.

―No volveré a hacerte daño, Rocío. Lo juro.

Nos besamos largamente, sus lágrimas me mojaban la cara, la abracé y acaricié su cabello como solía hacerlo ella conmigo. Luego se arregló para marchar, la despedí en la puerta y quedamos de vernos cuando ella pudiera. Las migajas de su tiempo eran para mí, y eso era mucho más de lo que me merecía después de cómo la había decepcionado, sin embargo, solo en ese momento me di cuenta.

Ya pasaron un par de días desde aquel encuentro, no he sabido nada de Rocío y es mejor así, debe estar muy ocupada en su trabajo… y con su esposa. Carla la ama, no cabe duda de eso, la hará más feliz que yo. Estoy segura de que, por mucho que me ame, nunca va a perdonarme por haberla dejado aquella vez, nunca podrá sentirse segura conmigo de nuevo… Quedan quince minutos para que parta mi bus, reemplacé el chip de mi teléfono por uno que compré en el terminal. Hace frío y mirar por la ventana me hace doler el pecho, me hace sentir nostalgia. Volveré al lugar del que nunca debí haberme ido y nunca volveré a Santiago, no merezco el amor de Rocío… yo de verdad la quería, hablo en pasado porque renuncié a ella y por ese mismo motivo voy a cortar sus cadenas, esas que la atan a mí. Le envié un último mensaje antes de cerrar para siempre mi cuenta de mensajería electrónica:

“Espero me olvides pronto, yo nunca te olvidaré. Aunque no lo creas, en esa primera noche juntas, en las que le siguieron después, aquel tiempo en el que fuimos una sola; yo de verdad te quería”.

 

 

 

 

"Amante de las letras, los misterios de la noche y los gatos. Romántica por esencia, pasional por instinto. Enamorada de su primer amor..."

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